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La mayoría de los indicadores de salud y de acceso a los servicios de salud mostraron
importantes mejoras en el Perú durante la última década, especialmente los de salud
materno-infantil. La mortalidad infantil, por ejemplo, bajó de 76 muertes en el primer año
por cada mil niños nacidos vivos en 1986 a 34 por mil en el 2000 (figura 1). Asimismo, la
tasa de desnutrición crónica entre los niños menores de cinco años bajó de 37% en 1992
a 27% en el 2000.
Figura 1: Promedios vs. Desigualdad por NSE en mortalidad Infantil y Desnutrición Crónica
Sin embargo, estos avances importantes en los promedios no lograron reducir las
diferencias por nivel socio-económico en estos indicadores de salud materno-infantil.
Hacia el 2000, la mortalidad infantil entre el 20% más pobre del país era 2.5 veces mas
alta que la del 20% más rico, habiéndose mantenido prácticamente constante durante el
período 1986-2000. La situación de la desigualdad en la incidencia de desnutrición
crónica ha incluso empeorado durante dicho período, incrementándose el ratio pobre/rico
por quintiles de 8.1 en 1992 a casi 10 en el 2000, siendo este indicador el que presenta la
mayor desigualdad por nivel socio-económico entre todos los indicadores disponibles en
las encuestas de demografía y salud (ENDES).
En primer lugar, estos resultados sugieren que una sociedad puede lograr avances
significativos en la incidencia promedio en variables de salud y al mismo tiempo tener un
aumento en la inequidad en salud, especialmente cuando este nivel promedio inicial es
muy alto. Tal resultado es indicio que los esfuerzos para mejorar la salud han llegado en
mucho menor medida a los grupos menos favorecidos económicamente. Ello, sin
embargo, es cada vez más difícil conforme van reduciendo los niveles promedio de los
indicadores de salud, y sugiere que futuras reducciones en el mismo requerirán de otro
tipo de estrategia, una que tenga mejor llegada entre los más pobres.
En tal sentido, este tipo de resultados sugiere que es necesario ir más allá del
seguimiento de la incidencia promedio, abogando por la inclusión de un seguimiento
específico de la inequidad en salud. Este planteamiento es particularmente relevante en el
Perú, tomando en cuenta que nuestra sociedad muestra uno de los más altos niveles de
desigualdad en salud por nivel socio-económico. De los 44 países considerados en un
estudio reciente del Banco Mundial sobre la desigualdad en salud, nuestro país muestra el
segundo más alto nivel de desigualdad en la tasa de mortalidad infantil, detrás sólo de
Bolivia (figura 2). En el caso de la desnutrición crónica infantil ocupamos el tercer lugar,
debajo sólo de Brasil y Kazajstán. Otra manera de ver el problema es que el Perú muestra
un nivel de desigualdad en estos indicadores de salud bastante por encima del que le
correspondería de acuerdo a su nivel de desarrollo económico medido por su nivel de PBI
per cápita.
Figura 2: Desigualdad en salud por NSE: Comparación Internacional
Plantear el monitoreo de la inequidad en salud es también particularmente relevante en el
momento actual, tomando en cuenta que el planteamiento de las llamadas metas del
milenio, que ya guían el trabajo de varias agencias internacionales desde mediados de la
década pasada, es precisamente concentrarse en la incidencia promedio de la mortalidad
infantil, desnutrición crónica, entre otros indicadores.
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