Las cifras sobre el estado de salud de los peruanos y sobre su acceso a los servicios de salud son alarmantes. Si bien a lo largo de las últimas cinco décadas se han producido importantes
avances en varios indicadores de salud -especialmente los que se refieren al binomio madre-niño, éstos están lejos de alcanzar niveles tolerables en una sociedad democrática.
Según cifras relativas al año 2000, 34 de cada mil niños peruanos nacidos vivos mueren antes de alcanzar el primer año de vida. Si comparamos estos niveles con los de otros países de América Latina, veremos que los del Perú se ubican entre los más altos.
Además, casi uno de cada tres niños peruanos menores de 5 años sufre de desnutrición crónica, lo que ha de marcar su capacidad para desenvolverse en la escuela y, posteriormente, en el mercado de trabajo. La situación de salud de las madres también muestra niveles alarmantes en el país y ello se refleja en el hecho de que 185 de cada 100.000 nacimientos terminan con la muerte de la madre, proporción que es superada en América Latina sólo por Haití y Bolivia.
Pero el panorama se muestra aún más preocupante si observamos las inequidades en el estado de salud de los peruanos y en su acceso a los servicios de salud. Entre estas inequidades son particularmente importantes las diferencias generadas por factores económicos y por el lugar de residencia (urbano o rural). Dos ejemplos: la tasa de afiliación al seguro del grupo más pobre es casi 10 veces más alta que la del sector más rico y el porcentaje de mujeres atendidas por un profesional durante el parto en las áreas urbanas es tres veces mayor que en zonas rurales.
Lo más grave es que la magnitud de estas inequidades es, las más de las veces, superior al nivel que correspondería al estado de desarrollo económico del Perú. La tasa de desnutrición del 20% más pobre es 10 veces más alta que la del 20% más rico, mientras que la diferencia promedio de esta tasa en los países con el mismo nivel de desarrollo económico gira alrededor de 5,5. Esto muestra no sólo la magnitud de las inequidades en salud en el país sino también el desventajoso desempeño relativo peruano frente al resto de países con niveles comparables de desarrollo económico. En otras palabras, la sociedad peruana es particularmente ineficaz para proteger la salud de los menos favorecidos.
Vemos, pues, que la situación de la salud en el Perú se caracteriza por la falta de equidad. Y si revisamos el concepto de equidad, notaremos que ésta tiene implicancias directas en la vida cotidiana de los ciudadanos de cualquier país. Equidad es aquella situación donde están ausentes de manera estable las diferencias injustas y evitables tanto en el estado de salud de las personas como en su acceso a los servicios de salud. Equidad es, por ejemplo, la falta sostenida de diferencias por factores socioeconómicos, raciales o de género en la salud de las personas y en su acceso a los servicios. Equidad en salud es, en conclusión, algo que falta claramente en el Perú.
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